sábado, 24 de octubre de 2009
Cerca de los cuchillos*
esta es el alma de hoy, sin movimiento,
como si estuviera hecha de luna
sin aire, quieta en su bondad terrible.
Cuando caiga una piedra
como un puño
del cielo de la noche
en esta copa la recibiré:
en la luz rebosante
recibiré la oscuridad viajera,
la incertidumbre celeste.
No robaré sino este movimiento
de la hierba del cielo,
de la noche fértil:
sólo un golpe de fuego,
una caída.
Líbrame, tierra oscura, de mis llaves:
si pude abrir y refrenar
y volver a cerrar el cielo duro,
doy testimonio de que no fui nada,
de que no fui nadie,
de que no fui.
Solo esperé la estrella,
el dardo de la luna,
el rayo de piedra celeste,
esperé inmóvil en la sociedad
de la hierba que crece en primavera,
de la leche en la ubre,
de la miel perezosa y peregrina:
esperé la esperanza,
y aquí estoy
convicto
de haber pactado con la tempestad,
de haber aceptado la ira,
de haber abierto el alma,
de haber oído entrar al asesino,
mientras yo conversaba con la noche.
Ahí viene otro, dijo ladrando el perro.
Y yo con mis ojos de frío,
con el luto plateado
que me dio el firmamento,
no vi el puñal ni el perro,
no escuché los ladridos.
Y aquí estoy cuando nacen las semillas
y se abren como labios:
todo es fresco y profundo.
Estoy muerto,
estoy asesinado:
estoy naciendo
con la primavera.
Aquí tengo una hoja,
una oreja, un susurro,
un pensamiento:
voy a vivir otra vez,
me duelen las raíces,
el pelo,
me sonríe la boca:
me levanto
porque ha salido el sol.
Porque ha salido el sol.
*Poema de Pablo Neruda publicado en el libro "Las manos del día", año 1968
lunes, 16 de febrero de 2009
La pregunta por el sentido.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Repensar la modernidad: un camino sin salida.
jueves, 18 de septiembre de 2008
Identidad/Chilenidad.
¿Qué es ser chileno/a? ¿Cuál es la especificidad de la chilenidad? ¿Qué es lo que nos caracteriza como pertenecientes a Chile?Con estas preguntas se nos viene de inmediato a la cabeza lo que ha sido el símbolo de nuestro país por los casi dos siglos que van desde nuestra independencia: la bandera. Sí, esa de los colores blanco, azul y rojo. Esa que se presenta con la estrella blanca en el cuadrado azul superior izquierdo, esa que indica que su portador es un compatriota. Comparte con el resto de chilenos esto que llamamos nuestra identidad chilena.
Pensemos, entonces, qué es esto que llamamos chilenidad. La chilenidad puede ser descrita con un buen plato de porotos con riendas o con el sacrificio del campesino o el obrero de la construcción que deben llevar la comida a los hijos que esperan con ansia la llegada de su “viejo” a la casa.
Pero, ¿qué viene a representar la bandera? Sin lugar a dudas se dirá que la nacionalidad, el ser chilenos. La chilenidad el algo tan abstracto de
definir como cualquier concepto utilizado por los doctos de las altas escuelas o universidades. Pero todo concepto, por tan abstracto que nos parezca debe tener los pies bien puestos sobre la tierra, sino perdería su sentido de existencia.
Una imagen que se nos dibuja cuando pensamos en lo característico y rasgo típico de la chilenidad:
...entre Pomaire y Santa Cruz, en el dormitorio de una casa se encuentra una mesita de madera con cuatro patas con una de ellas algo floja por el trajín. Sobre esta mesita hay una mantita tejida a mano que encima carga una tele de mediano tamaño, negra y a color, pero sin control remoto. Y, como adorno, arriba de la tele se posa un Mickey de greda pomairino.
Esta imagen nos evoca a lo que queremos decir con chilenidad: lo característica chileno es esta hibridación entre lo fem
enino, lo artesanal, lo introducido del extranjero, lo ingenioso, todos estos rasgos que nos hacen parte de una misma cultura y nación. Algo que compartimos tanto con el ariqueño como con el puntarenense, así también con el pescador y con la temporera. Desde el árido desierto del norte hasta el tupido bosque del sur. Esta mezcla, mixtura de colores, sabores y olores, es la que nos indica que estamos en nuestra tierra, en nuestro Chile.
viernes, 1 de agosto de 2008
Contra quién luchas?
Muy a menudo los líderes de los susodichos países desarrollados (uno en particular) discursan cosas como "esta lucha es contra el terrorismo", o "es por la humanidad que luchamos", e incluso lo que es peor "la guerra y los miles de muertos se justifican por la erradicación del terror esparcido por el mundo". Esta lucha en nombre de la humanidad es, hablando en términos formales y legales, sin límites.
El derecho racional, como marco normativo de la modernidad, acota los espacios de guerra. Inclusive designa las prácticas bélicas legítimas que se pueden realizar entre humanos, entre países, así como las imperdonables. Por ende, en vista de que se dicta una guerra de “toda” la humanidad en contra del terrorismo, las acciones que se hagan en los campos de batalla podrán per se ser de todo tipo; no habrá ley que ponga límites a los mercenarios y asesinos.
La potencia para llevar adelante este tipo de guerras que tienen las potencias económicas mundiales hace enceguecer a la mirada atónita del mundo civil. Una mirada que se ha subsumido en un letargo de individualización y atomización que lleva décadas, desde aquellos tiempos en que los estudiosos de Frankfurt ya lo señalaran por la primera mitad de la pasada centuria.
En suma, la guerra propugnada por unos pocos en contra de todos se desata a cada momento. Si lo pensamos un poco, la lucha en nombre de la humanidad tendría que ser sólo en contra de los marcianos, porque sino que alguien explique qué está ocurriendo: militares norteamericanos aniquilando chicos en Irak y Afganistán. Eso quiere decir que ellos no son humanos. O que en verdad aquí hay algo raro, algo escondido a la luz de las balas.